El paraje de Alto Agrelo, en el departamento Luján de Cuyo, provincia de Mendoza, Argentina, en las primeras estribaciones de la Cordillera de los Andes, constituye un teroir de excelencia, en el que han armonizado de manera incomparable los dones de la naturaleza y la sabiduría del hombre para convertirlo en la mejor zona vitivinícola de la Argentina, con proyección universal.

Destinado a postal de belleza nostálgica, con la montaña potente, cielos azules con soles intensos, clima seco y fresco, y tierras áridas y arenosas, a veces benditas por baños aluvionales que bajan de la montaña por el Río Mendoza, la zona hoy conocida como Alto Agrelo, a 1.000 metros sobre el nivel del mar, fue transformada por el hombre, desde los tiempos ancestrales de las culturas inca y huarpe, con el aporte de migraciones españolas e italianas, en un área de cultivos de zapallo, maíz y porotos, y posteriormente, de la vid.
Convertido en vergel por obra de la combinación de un microclima irrepetible y de manos rústicas y hacendosas de hombres que supieron de suelos por el imperio de los siglos, esta tierra es hoy la principal zona de producción de variedades de uva de la República Argentina. Allí se producen Cabernet Sauvignon, Syrah, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Pinot Gris y Torrontés de la mejor calidad. Pero fundamentalmente es en Alto Agrelo, en Luján de Cuyo, donde se logra la mejor uva Malbec del mundo. El Malbec es de origen francés, claro, pero llegado al Nuevo Mundo a mediados del siglo XIX, hoy se ha convertido en el varietal insignia de la Argentina, de Mendoza, la provincia vitivinícola por excelencia.
El microclima de Alto Agrelo es templado continental seco y semiseco, con escasas lluvias en otoño e invierno, pero más abundantes en verano. La región se caracteriza por su gran amplitud térmica diaria, con días templados y noches frías que dan a las uvas una particular riqueza de precursores aromáticos, que aportan al mejor sabor y color de los vinos. Sus tierras, con minerales depositados por el agua y el hielo en capas de textura arenosa, presentan buen drenaje, riqueza mineral y pobreza orgánica, cualidades que las convierten en especialmente aptas para el cultivo de la vid. Un terroir, en fin, en el que la naturaleza minimiza las necesidades fitosanitarias.
En Alto Agrelo, conocido como la Tierra del Malbec, junto al túnel vegetal más extenso del mundo, hecho de plátanos centenarios, se han establecido miles de viñedos y decenas de bodegas de distinto porte y origen, nacionales y extranjeras, constituyendo no solamente un polo de producción vitivinícola, sino también enoturístico, que convoca a Mendoza a miles de turistas anualmente para recorrer la denominada Ruta del Vino, visitando viñas y cavas, participando de degustaciones, conociendo las revelaciones de la factura de un vino excelente, siguiendo rituales y tradiciones, y alojándose en hoteles temáticos en las propias bodegas, en una provincia que huele a vino del mejor.